¿Cómo saber si un vino es un vino de guarda?
Algunas de las dudas que nuestros clientes nos formulan con más frecuencia giran en torno al tiempo aconsejado de guarda de un vino.
¿Es éste un vino para guarda?, ¿Continuará este vino evolucionando con el tiempo? o ¿Está este vino en su momento óptimo de consumo? son preguntas muy recurrentes, cuyas respuestas dependen de muchos factores. En este post intentaremos arrojar un poco de luz sobre este tema.

Es imprescindible tener claro el objetivo de guardar un vino: Un proceso en el que el paso del tiempo permite suavizar, afinar y armonizar un vino “duro”, aunque de la máxima calidad, permitiendo además que adquiera aromas terciarios que mejoren significativamente su calidad.
De esta sentencia obtendremos unas consideraciones básicas a tener en cuenta en el momento de adivinar si estamos ante un vino de guarda:
1- Hablaremos siempre de vinos de la máxima calidad (y desgraciadamente, por lo general, de precio elevado). Algunos de los vinos de guarda más célebres de nuestro país valen varios cientos de euros, como por ejemplo L’Ermita, la joya más codiciada del Priorat.
2- Hablaremos siempre de vinos “duros”, con mucha estructura. Entendemos por estructura el “esqueleto” del vino, es decir, acidez, taninos y alcohol.
3- Solo deberíamos guardar vinos a los que les quede evolución por delante. No todos los vinos, ni todas las variedades siguen evolucionando una vez salen de bodega, y en cualquier caso, hablamos de tiempos de guarda de hasta 6-8 años para los vinos con Crianza, 10-15 años para los vinos Reserva, y hasta 20-25 años para vinos Gran Reserva. A partir de ese momento, la evolución del vino se estancará, y comenzará su declive.
Pero, ¿cómo saber si un vino tiene las características para guarda?
Para responder a esta pregunta deberemos prestar atención a los dos pilares básicos en la elaboración del vino: La calidad de la uva, y la técnica de vinificación.
Con respecto al fruto, es cierto que existen variedades de uva más adecuadas para la elaboración de vinos de guarda que otras. Una uva tradicionalmente utilizada en el envejecimiento de los vinos es la Cabernet Sauvignon, o la Merlot.
En España suelen elaborarse grandes vinos de guarda con uva tempranillo, pues presenta una buena relación acidez, extracción tánica y alcohol. Aun así, muchos de los grandes reservas de la Rioja se presentan acompañados de porcentajes de graciano (que aporta un extra de acidez) y mazuela (una dosis adicional de extracción de color). Otros, como por ejemplo el excelente Muga Prado Enea, presentan incluso un pequeño aporte de garnacha, que ayuda a potenciar los azúcares y aromas frutales.
También las características de la añada pueden darnos pistas sobre si un vino es apto para guarda. Las añadas más secas, caracterizadas por un bajo rendimiento de las cepas, y por lo tanto, con mayor concentración de azúcares y aromas, son propicias para la obtención de buenos vinos para guarda.
Asimismo, la zona geográfica de proveniencia del vino también podría indicar si el vino puede guardarse o no. En España, las zonas más óptimas de producción de vinos de guarda se encuentran en el norte del país, puesto que las menores temperaturas proporcionan mayores niveles de acidez de la uva.
Y finalmente, parte imprescindible en la obtención de grandes vinos de guarda consiste en la vinificación óptima de la uva.
Unas uvas perfectas de tempranillo no tienen por qué dar buenos vinos de guarda si el bodeguero no sigue los patrones necesarios para que este tipo de vino se dé. De la misma forma, ese mismo bodeguero puede influir en que una uva tenga más posibilidades de guarda desde el viñedo, por ejemplo, reduciendo la producción (cortando racimos verdes) de las cepas, con objetivo de aumentar la concentración de elementos en la uva.
Ya en bodega, a los vinos de guarda, durante su elaboración, se los deja más tiempo en contacto con los hollejos para que aumente su extracción de color, aroma y taninos, hecho que provoca esa “dureza” cuando son jóvenes.
De la misma forma, las largas crianzas en barrica de roble también aportan complejidad y posibilidades de que el vino perdure en el tiempo.
Recuerda que el éxito del buen proceso de guarda de un vino dependerá de las condiciones de temperatura y humedad constantes a que sea sometido.
Y dicho esto, ya solo nos falta recomendarte tres de nuestros vinos de guarda favoritos. Haz sitio en tu bodega para dejar espacio a estos tres colosos:
Las Lamas: Una de las grandes parcelas que elabora Ricardo Pérez Palacios en el pueblo de Corullón, Bierzo. Mencias muy viejas plantadas sobre una fuerte pendiente pizarrosa y con algo de arcilla, capaz de retener algo más de agua y otorgarle más estructura al futuro vino. La elaboración se realiza de la manera más clásica, respetando la uva en todo momento y dejándolo reposar en barricas durante un tiempo para que se estabilice de manera natural.
Peñas Aladas Gran Reserva : Dominio del Águila contiene todo los ingredientes para ser una de las grandes bodegas de Ribera De Duero. Los viñedos viejos, como este Peñas Aladas de más de 85 años de antigüedad y una elaboración clásicas, emulando a los grandes Maisons de francia dan como resultado vinos con un gran potencial de guarda.
Rioja Alta 890 Gran Reserva : Una de esas grandes joyas que da la larga crianza en barricas. Rioja Alta es uno de los estandartes de este estilo de vinos, afinados en bodega con 72 meses en barrica y listos para aguantar muchos años en botella. Un Rioja de clase mundial, donde los aromas terciarios son los predominantes.