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Descubriendo a Estefanía Rodero de Pago de los Capellanes

13/12/2020 Entrevistas
Estefanía Rodero de Pago de los Capellanes

La nueva generación Rodero ha entrado con fuerza en la bodega familiar. Tras el nombre de Estefanía siguen dos apellidos que infunden pasión por el vino. Sus padres, Paco Rodero y Conchita Villa han trabajado duro para hacer realidad el sueño de elaborar desde 1996 vinos artesanales, complejos y de larga vida en su pueblo natal, Pedrosa de Duero. Todo un saber hacer que han sabido transmitir a su hija quien se incorporó en la empresa en 2015 para ofrecer su visión a un proyecto que todavía tiene mucho que contar.

Aunque la bodega se inició en 1996, lo cierto es que el nombre de Pago de los Capellanes es conocido en el mundo entero ¿Dónde crees que reside el éxito de vuestra marca?
Creo que reside en el aprendizaje continuo en todos los ámbitos. Cuando aprendemos abrimos la mente y estamos más receptivos a cualquier señal. Últimamente se ha hablado mucho de abandonar la zona de confort, de la resiliencia, y esto es lo que mi familia lleva en los genes.

Sin duda, tus padres son todo un referente en tu vida. ¿Cuáles son las virtudes que has heredado de cada uno de ellos para entrar y triunfar en el mundo del vino?
Ellos son una combinación maravillosa entre el atrevimiento de mi padre y el perfeccionismo de mi madre. No se si lo he heredado o no, pero trabajar con ellos me permite explorar esa parte de cada uno e interiorizarla como propia.

Tras estudiar y trabajar como arquitecta en Barcelona, Génova y Chile, vuelves a casa para colaborar en el proyecto arquitectónico y paisajístico de Pago de los Capellanes. ¿Qué es lo que te llevó a regresar a casa?
A raíz de mi experiencia como docente en la Universidad de Venecia, me surgió la oportunidad de continuar dando clases en la Universidad de Santiago de Chile. Era un momento muy bueno en ese país, lo que me llevó a formar parte del nacimiento de la sede en Santiago de una firma de Arquitectura española. Pero estaba en un país productor de vino y el estar lejos de casa te hace ver las cosas con perspectiva. Con mucha pena dejé mi trabajo en la oficina de Arquitectura de Santiago, y tuve la suerte de colaborar en un proyecto de rescate de vides prefiloxéricas a lo largo de Chile, una experiencia inolvidable. Sentí que tenía que aportar mi granito de arena a la bodega familiar, al fin y al cabo, la conozco desde sus inicios en la cocina de casa, es una más de la familia.

Como arquitecta ¿qué paralelismos podemos encontrar con el mundo del vino?
Son dos mundos en los que hay mucho arraigo con la tierra, posibilidad de ser creativos y en los que el trabajo en equipo es fundamental, no solo el equipo de oficina/bodega sino también el equipo que formas con los distintos colaboradores. Y en ambos mundos hay una misma finalidad, un espacio/vino para hacer felices a los que nos eligen.

Actualmente eres Responsable de Desarrollo de Negocio. ¿Qué ventajas y desventajas sientes como mujer en un mundo de hombres?
He tenido la suerte de aprender de las mujeres de mi familia, que con su trabajo y fortaleza han podido desarrollarse en el ámbito profesional, y en la bodega las mujeres representan el 50% del equipo, hay muchas mujeres entre los clientes y los proveedores así que no tengo la sensación de estar en un entorno hostil. Como mujer siento muchísimas ventajas: la empatía, la sensibilidad entendida como mecanismo de ver las cosas antes de que sucedan y así poder adelantar soluciones, nuestra capacidad de resolver cinco problemas con un solo movimiento.

Con el cambio generacional seguro que hay momentos de todo. Pero la variedad de enfoques siempre enriquece. ¿Cuál crees tú que es tu más valiosa aportación en el proyecto?
Creo que mi aportación es valiosa porque viene siempre desde el respeto a nuestra trayectoria y a nuestros principios. Mis aportaciones no suponen ningún cambio de rumbo, sino que pretenden perfeccionar lo que veníamos haciendo y estar listos para lo que pueda venir.

Hoy en día esta profesión ha proliferado exponencialmente. En realidad salen bodegas de debajo de las piedras ¿Cómo ves el futuro vitivinícola y, en concreto, el de Ribera del Duero?
Creo que el futuro estará marcado por proyectos con identidad propia y la llamada al campo, a las tradiciones y al consumo de proximidad nos puede venir muy bien para que el vino alce la voz como el producto privilegiado que es. El vino nos sirve para celebrar, para reunir, para alegrarnos el día o para compartir momentos, el vino une y es parte importantísima de la gastronomía española.
Ribera del Duero es uno de los grandes territorios vinícolas mundiales, y tenemos que reivindicarlo, aprender de otros países que defienden su tradición. Ya que hemos tenido la suerte de nacer en esta tierra, debemos hacerlo.

Vuestro proyecto en Galicia, O Luar do Sil, hace realidad el sueño de elaborar un vino blanco bajo la filosofía Pago de los Capellanes. ¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre el terroir de Valdeorras y el de Ribera del Duero?
El terroir de Valdeorras está marcado por las colinas de granito y pizarra que forman el valle del río Sil, son microparcelas de poquísima superficie, y tenemos por delante un durísimo trabajo de viticultura recuperando viñedos. El territorio, clima, la humedad, las altas temperaturas del verano…encuentro muchas más diferencias que similitudes.

Habéis sabido sacarle muy buen partido a un tesoro muy escaso. ¿Qué es lo que enamora de la variedad Godello?
Es una variedad muy noble y que por sus características da origen a grandes vinos. Hemos apostado por ir a buscarla a su lugar de origen: Valdeorras, enclave privilegiado de Galicia donde se dan las mejores condiciones para su cultivo. Nos enamora su autenticidad, su sutileza y su potencial.

Ahora también os habéis propuesto un nuevo reto con la viticultura de altura en las laderas de Fuentenebro ¿Con qué dificultades nuevas os habéis encontrado?
Es un reto muy ilusionante en el que queremos redescubrir una zona mineral y arcillosa, donde antes de la explotación minera había grandes extensiones de viñedo a más de mil metros. Hoy en día quedan majuelos antiguos que estamos reproduciendo en los viñedos nuevos. Es un proyecto de futuro en el que estamos dibujando el camino al andar.

A parte de trabajar en la bodega, eres madre de dos peques que no se llevan más de 3 años. En un país donde la conciliación es un mito ¿Cómo te lo haces?
Supongo que como todas las madres y tambien padres que se encuentran en la misma situación; organización, coordinación con la pareja y muy importante, priorización, evitar lo superfluo para poder conectar bien con nuestros hijos, que los momentos que pasemos con ellos que sean todo lo mejor que podamos.

De todos los vinos de la bodega, ¿con cuál te irías al fin del mundo?
Es muy difícil elegir, pero últimamente nuestro vino de finca Parcela el Nogal nos está dando muchas alegrías.

Aunque tiempo no te debe sobrar, a parte del vino y tu familia, ¿tienes alguna otra pasión?
Me gusta que mis pasiones se mezclen, viajes en familia donde poder probar vinos y la gastronomía del lugar.

Y por último, ¿nos podrías confesar el último vino que te ha hecho perder el norte?
Estamos muy ilusionados con el vino que vamos a sacar el año que viene para nuestro XXV aniversario, homenaje a mi abuelo Doroteo. Un vino de recuerdo y de placer.

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