Descubriendo Bodegas Luis Cañas de la mano de Rubén Jiménez
En el corazón de la Rioja Alavesa, rodeada de viñedos viejos que dibujan un mosaico de más de 1.200 parcelas, se levanta Bodegas Luis Cañas. Con 600 hectáreas bajo gestión —498 pertenecientes a Luis Cañas y 112 a Amaren— esta casa centenaria ha hecho de la viticultura sostenible y la recuperación de variedades su seña de identidad.
Al frente nos recibe Rubén Jiménez, director de viticultura y Mejor Viticultor del Año 2023 por Tim Atkin, con una mezcla de rigor técnico y entusiasmo contagioso que se nota desde el primer instante. Su pasión es palpable; no solo habla de viñas y vinos, sino que transmite un cariño profundo por cada cepa y cada parcela.
Una visita que comienza con pantuflas
Nada más llegar, nos dirige a la viña y nos entrega unas fundas tipo pantuflas para proteger nuestros zapatos del barro y la humedad. Un detalle que, aunque sencillo, revela su dedicación y experiencia: cada gesto está pensado para cuidar el entorno y para que los visitantes vivan la viña de la manera más auténtica posible. Caminando entre los surcos, sentimos que estamos entrando en un mundo donde la naturaleza, la historia y la técnica conviven en armonía.
El paseo se transforma en una clase magistral improvisada: de cada parcela, de cada cepa vieja, Rubén tiene una historia que compartir. Nos muestra el hotel de insectos —una pequeña estructura que preserva la biodiversidad y protege a polinizadores y depredadores naturales de plagas— y nos explica cómo la viticultura moderna ha aprendido que un viñedo “impecablemente limpio” no siempre es sinónimo de salud: “Si eliminamos toda la hierba, acabaremos vendimiando en un desierto”, nos dice mientras acaricia las cepas centenarias.
Maceración carbónica, crianza y viñedos singulares
Luis Cañas se hizo conocido por sus vinos de maceración carbónica y consolidó su prestigio con el crianza, que definió un estilo propio y abrió puertas a mercados internacionales. Pero la bodega no se duerme en los laureles: entiende que los gustos cambian y que cada mercado tiene sus preferencias.
“El problema de la maceración carbónica es que fuera de Rioja no se bebe”, nos comenta Rubén. “Antes, el poteador —el bebedor habitual de pequeñas porciones de vino— podía tomarse diez vinos antes de comer y otros tantos en la cena; hoy ese perfil prácticamente ha desaparecido”.
Esta evolución ha llevado a la bodega a diversificar su oferta. Mientras en España la etiqueta “Reserva” a veces genera recelo, en mercados como Alemania resulta especialmente atractiva. El verdadero desafío, nos explica, es mantener la esencia riojana mientras se adapta a los gustos de cada consumidor, sin perder la autenticidad que aportan sus viñedos más singulares.
Luis Cañas ha emprendido un ambicioso proyecto de vinos parcelarios, seleccionando parcelas por su suelo, orientación y microclima, con la intención de reflejar la máxima autenticidad de cada terruño. Entre ellos destaca Finca El Palacio, un viñedo excepcional de dos hectáreas con 60 años, situado justo al lado de la bodega. Su tamaño, mucho mayor que el habitual en la zona, y su edad lo convierten en un verdadero tesoro. Y que mejor que degustarlo en la sala de catas con vistas a este extraordinario paisaje. ¡Puro lujo!
La relación con los viticultores
La fuerza de Luis Cañas no está solo en sus viñedos propios, sino también en la estrecha relación con los viticultores locales. “Sin ellos, sería imposible manejar más de 1.200 parcelas con criterios de calidad”, reconoce Rubén. Esa complicidad es la que permitió descubrir fenómenos únicos, como el racimo de tempranillo que en 2021 apareció con la mitad de uvas tintas y la otra mitad blancas, un hallazgo que podría abrir la puerta a un nuevo clon de tempranillo blanco.
“Cada viñedo viejo es una cuenta atrás: cuando desaparezca, se perderán también variedades minoritarias que quizá nunca volvamos a recuperar”, advierte. Por eso, la bodega mantiene un vivero donde preserva cepas casi olvidadas como benedicto o mandón, asegurando que sigan vivas en el futuro.
Innovación sin perder el alma
Rubén insiste en que Rioja debe innovar, pero sin olvidar su identidad: “El error sería llenar la denominación de merlot o malbec; perderíamos lo que somos. La innovación debe surgir de nuestras raíces: del tempranillo, de la garnacha y de esas variedades minoritarias que aún nos acompañan”.
Entre elogios y críticas, Jiménez recuerda un piropo que, según él, tiene un reverso envenenado: “Cuando alguien te dice que eres el mejor en calidad-precio, lo que realmente está diciendo es que no se está valorando todo el trabajo que hay detrás ni se reconoce el precio que realmente merece”. Sus palabras nos hacen sentir más cerca del esfuerzo que hay detrás de cada botella y de la responsabilidad que conlleva mantener la esencia de Luis Cañas frente a percepciones superficiales del mercado.
Por eso, Bodegas Luis Cañas sigue siendo un referente no solo por la calidad de sus vinos, sino también por su empeño en preservar un patrimonio vitícola que, si no lo cuidamos, podría desaparecer en pocas décadas. Con pasión, conocimiento y un equipo entregado, Rubén Jiménez demuestra que el futuro de Rioja se construye sobre la diversidad, la sostenibilidad y, sobre todo, la autenticidad.