Espumosos, ¿sólo para Navidad?
Desgraciadamente tenemos como costumbre dejar los vinos espumosos para el final, ya sea para el postre o el brindis, acto que es fenomenal ya que va ligado a la celebración y a la alegría. Pero tenerlo como costumbre no es lo mejor; ni mucho menos aguantar todo el año sin probar gota hasta que lleguen las Navidades.
Hay grandes cavas que como aperitivo van muy bien, pero hay otra gran lista que marida a la perfección con platos principales e incluso retirando algún que otro tópico, con carnes.
Abrimos un Gramona Imperial para iniciar esta cata y la opinión es general: colores de película, carbónico elegante que presenta un rosario, una corona de cine y aromas de pastelería y fruta madura. Toques tostados, de frutos secos y aromas que nos llevan a la Cerdanya.
Una buena secallona de Tarrogona nos acompaña y seguimos con un De Nit de Raventós i Blanc, un cava que es fiesta para la nariz y la vista. Cremosidad digna de carnes y guisados, que demuestran el buen trabajo realizado en las cavas y en los viñedos.
Como conclusión puedo decir que contrariamente a lo que pensamos un buen vino espumoso es el acompañamiento ideal para la comida que queramos.
¡Un brindis!