Cuando pensamos en mujeres que rompieron esquemas, vienen a la mente nombres como Marie Curie, primera mujer en ganar un Nobel y pionera en el estudio de la radiactividad; Virginia Woolf, revolucionaria de la narrativa y la escritura feminista; o Frida Kahlo, que desafió las normas del arte y exploró identidad y género en cada pincelada.
En el mundo del vino italiano, Giovanna Rizzolio ocupa un lugar similar. A principios de los años 90, fue una de las pocas mujeres que dirigían una bodega en las Langhe, marcando el camino para futuras generaciones de enólogas. Bajo su liderazgo, la pequeña azienda familiar Cascina delle Rose, adquirida por la familia Rizzolio en 1948, comenzó en 1992 a etiquetar sus vinos con su propio nombre.
La propiedad, de apenas 7,5 hectáreas, combina viñedos, bosque, avellanos y un pequeño olivar. Sus suelos, arcillo-calcáreos de origen marino, y los viñedos en pendiente en los crus Tre Stelle y Rio Sordo, definen el paisaje de Barbaresco y la personalidad de sus vinos. La viticultura es orgánica, natural y cuidadosa, con vendimia manual y mínima intervención en el viñedo, buscando causar el menor impacto ambiental posible. Cada parcela, algunas plantadas hace casi un siglo, se trabaja con la dedicación de quien conoce la tierra y respeta la tradición.
Barbaresco Marcorino, proveniente de dos parcelas en el cru Marcorino de Neive, es un vino que refleja toda la filosofía de Cascina delle Rose. Un nebbiolo que macera con los hollejos dura 30 días, seguida de fermentación maloláctica a 20 °C. Luego, el vino envejece durante 22 meses en barricas de roble eslavo de 10 a 17 hectolitros y permanece 6 meses en botella antes de salir al mercado, sin filtración ni clarificación, con un único embotellado.
Cascina delle Rose Barbaresco Marcorino es un vino de pureza y profundidad, elegante y con personalidad propia. El testimonio del espíritu visionario de Giovanna Rizzolio, una pionera que abrió camino para las mujeres en la viticultura y cuya visión se refleja perfectamente en este vino.