Romanée-Conti es, sin duda, uno de los nombres más reverenciados en el mundo del vino. Un símbolo absoluto de tradición, excelencia y exclusividad. Por eso, cuando hablamos de un proyecto creado por Aubert de Villaine, director y copropietario de Romanée-Conti, no hacen falta muchas más presentaciones porque, sí o sí, la calidad está garantizada.
Ubicado en Bouzeron, al norte de la Côte-Chalonnaise en Borgoña, Domaine de Villaine se trata de una finca que Aubert y su esposa Pamela adquirieron en 1971 y que hoy gestiona su sobrino Pierre de Benoist con la misma pasión que sus tíos. Desde 1986, este viñedo ha apostado por la viticultura ecológica, respetando la tierra y buscando que cada uva exprese con autenticidad su origen.
El Domaine cuenta con parcelas repartidas por Bouzeron, Rully, Mercurey y Santenay, plantadas con aligoté, chardonnay y pinot noir, las variedades clásicas que dan vida a vinos con alma borgoñona. Entre ellos, destaca Grésigny Rully 1er Cru, un vino con raíces profundas en una parcela alquilada desde 2011, situada al suroeste de la denominación de origen Rully.
El nombre “Grésigny” proviene del dialecto borgoñón y significa “colina pequeña y rápida”, una imagen perfecta para este lugar donde las viñas de chardonnay, algunas con más de 80 años, se aferran con fuerza a suelos margo-calcáreos. Un terroir muy especial que, combinado con el clima único de la zona, le permite al vino revelar una complejidad y frescura que enamoran a quienes lo prueban.
Para su elaboración, Domaine de Villaine Rully 1er Cru Grésigny fermenta y cría durante 12 meses en barricas tradicionales de Borgoña, trabajando sobre sus lías finas y con un 20% de roble nuevo que añade elegancia sin robar protagonismo al carácter natural del vino.
Domaine de Villaine Rully 1er Cru Grésigny es un chardonnay que captura la esencia de un terroir único, susurra historias de viñas centenarias y refleja la pasión transmitida a lo largo de generaciones. Bajo la sabia dirección de la familia de Villaine, este vino blanco demuestra que la verdadera excelencia no depende de un solo lugar, sino del amor, el respeto y la dedicación que se encuentran en cada rincón de Borgoña.