En el mundo del vino, pocas palabras despiertan tanta reverencia como Montrachet. Un pequeño viñedo de Borgoña —no especialmente alto, pero sí mimado por la geología— que es un templo del chardonnay. Por eso, cuando alguien se atreve a pronunciar la expresión "el Montrachet de Champagne", no está cometiendo un error geográfico. Está haciendo un paralelo elogioso del más alto nivel. Habla de un lugar que, dentro del universo champenois, posee una magia similar. Es decir, una colina modesta, pero bendecida por la naturaleza para producir vinos que quitan el aliento.
Ese lugar existe, y se llama Montgueux.
Montgueux es un terruño relativamente joven para los estándares de Champagne; sus primeras plantaciones datan de los años sesenta. Pero su corta historia no le impide tener una identidad clara y poderosa. Quienes han caminado por su ladera hablan de un suelo calcáreo deslumbrante, de esos que parecen brillar al sol como si guardaran un secreto antiguo.
Entre los pioneros de este rincón singular estuvo Jacques Lassaigne, una figura clave en la implantación de las primeras viñas. Hoy, su hijo Emmanuel Lassaigne recoge esa herencia y la lleva un paso más allá, trabajando con un nivel de cuidado y respeto que casi roza lo artesanal.
En Montgueux, Lassaigne se ha convertido en un referente absoluto. Toda su labor se desarrolla bajo principios biodinámicos: ni pesticidas, ni productos sintéticos, y un trabajo de viñedo completamente manual. Aquí la tierra se trata como un organismo vivo, no como una fábrica de uvas.
Su Champagne Jacques Lassaigne Réserve Extra Brut es una muestra impecable de esa visión. Elaborado con 100% chardonnay, proviene de viñas plantadas hace unas tres décadas en suelos ricos en caliza, el material noble que da nervio, tensión y profundidad a los vinos de Montgueux.
La vinificación es un ejercicio de mínima intervención: fermentación natural, maloláctica realizada, y una crianza en barrica de 12 a 24 meses. Nada está ahí por casualidad. Cada decisión busca revelar la máxima expresión del terroir, sin maquillaje, sin artificio, con la transparencia luminosa que distingue a los grandes vinos.
Cuando se describe a Montgueux como el “Montrachet de Champagne”, no es mera poesía. Es un reconocimiento a la grandeza potencial de sus viñas. Réserve Extra Brut de Jacques Lassaigne es, en muchos sentidos, el mejor ejemplo de ello. Un Champagne que une pureza, verticalidad y complejidad, y que demuestra que incluso una colina discreta puede producir vinos dignos de leyenda.