Hay vinos que cuentan historias. Y luego están los vinos que nacen de una historia. Josep Grau Pedrabona pertenece a esta segunda categoría. Es un vino con memoria, con raíces y con una de esas trayectorias vitales que demuestran que nunca es tarde para volver a empezar.
Porque antes de ser viticultor, Josep Grau fue financiero. Sí, has leído bien. Nacido en 1965, su vida transcurría entre reuniones, gráficos y decisiones rápidas. Hasta que un día, por curiosidad (o tal vez por destino), se apuntó a una cata de iniciación y se convirtió en un momento de revelación. De pronto, donde antes había desinterés, brotó una pasión.
Se lanzó de cabeza. Estudió enología, visitó bodegas por media Europa y, en 2003, fundó su propia bodega en Marçà, en la DO Montsant (Cataluña). Al principio lo compaginaba con su trabajo de oficina, robándole horas a los fines de semana y las vacaciones. Pero en 2016 dio el salto definitivo, dejó atrás el despacho y se convirtió, a tiempo completo, en Josep Grau Viticultor.
Hoy, desde su sede en Montsant, Josep gestiona 26 hectáreas de viñedo con una gran diversidad de suelos y orientaciones. Cada labor del campo se realiza a mano, desde la poda hasta la vendimia. La viticultura es orgánica y los vinos se elaboran con un enfoque honesto, respetuoso y sin artificios. No hay prisa. Solo escucha, intuición y respeto por el paisaje.
Pero aquí no acaba la historia, en 2020, Josep decide ampliar su proyecto al Priorat, territorio mítico y mineral, con el lanzamiento de su vino Josep Grau Pedrabona, un vino compuesto de garnacha y cariñena, procedente de viejos viñedos —algunos de hasta 80 años— situados en Gratallops, el corazón vibrante de la DOQ Priorat. Las cepas crecen sobre suelos de llicorella, esa pizarra fragmentada tan característica que obliga a las raíces a esforzarse, aportando tensión, profundidad y carácter mineral al vino. En bodega, la fermentación se realiza en foudres de roble austríaco, y el vino se cría durante 10 meses en barricas de roble francés, afinándose sin perder su identidad.
El resultado es Josep Grau Pedrabona, un tinto con nervio y elegancia, estructura y precisión. Un vino que habla de la tierra, sí, pero también de la valentía de escuchar una pasión y seguirla hasta el fondo.