Antiguamente emprender un viaje en una singladura suponía toda una aventura. ¡Cuántas cosas podían pasar en un barco durante 24 horas! Este modo espíritu atrevido es el que ha inspirado a bodegas Montecillo para traspasar las fronteras de la DOCa Rioja y elaborar Montecillo Singladuras Rueda.
El origen de este blanco hay que buscarlo en el municipio de Navas del Rey, en Madrid, donde la bodega ha encontrado los viñedos idóneos para este vino. En concreto se tratan de cepas plantadas a una altitud de 748 metros, sobre suelos de granito, que consiguen arrancar la expresión más mineral de la verdejo. Todo el trabajo, incluida la vendimia, se realiza de forma manual, seleccionando los mejores racimos y bayas a primera hora de la mañana.
En bodega Montecillo Singladura Rueda realiza una maceración prefermentativa durante dos días en depósitos con atmósfera inerte. Desde aquí pasa directamente a la prensa, donde se ejercen presiones muy leves hasta obtener el flote mosto. Está primera prensa será la que se trasiegue a los depósitos de acero inoxidable, de pequeña cantidad, donde Montecillo Singladuras Rueda fermentará. Aquí mismo, en estos recipientes, Montecillo Singladuras Rueda realiza la fermentación maloláctica y se deja reposar varios meses sobre sus lías. Este periodo se alargará unos meses más, en botella, donde Montecillo Singladuras Rueda terminará de afinarse en jaulones.
Así, sin romerías ni marejadas, Montecillo Singladura Rueda llega a buen puerto. ¡Pruébalo!