No hay mayor garantía de calidad que unas tierras que ya fueron captadas por los monjes benedictinos en su día para el cultivo del viñedo. Históricamente reconocidos como expertos viticultores y pioneros en la producción de vino, la presencia de un monasterio benedictino solía ser sinónimo de buenas tierras. Factores como la calidad del suelo, la exposición solar y el microclima, eran elementos fundamentales que tenían en cuenta para obtener uvas de alta calidad y, hoy en día, se ha convertido en un legado digno de conservar. Diez siglos después, Antonio Vázquez Muñoz-Calero, joven empresario con muy buen ojo, emprende un ilusionante proyecto en donde antes los monjes benedictinos levantaron el monasterio de San Cobate, en la finca situada en Gumiel del Mercado (Burgos), en el corazón de la Ribera del Duero. Una apuesta segura para elaborar vinos que reflejan al máximo la personalidad de los diferentes suelos y de la variedad estrella de la región, la tinta fina. De sus tres mejores parcelas nos presenta la gama San Cucufate (nombre con que se conocía el monasterio al principio de su construcción). Tres producciones limitadas dignas de disfrutar por su complejidad, elegancia y persistencia.
Una de ellas, San Cucufate Bancales del Jalón, tiene la particularidad de que procede de una finca cuyos suelos arcillosos y calizos se encuentran rodeados de plantas aromáticas como el tomillo, romero y lavanda. Cepas de tempranillo plantadas en terrazas desde 2010 que son cultivadas de forma tradicional y vendimiadas a mano en el momento óptimo de maduración. En bodega, tras una selección exhaustiva de las mejores uvas, fermentan con parte de racimo entero en depósitos de hormigón. Después, el vino pasa por una crianza lenta durante 10 meses en barricas de distintos usos y 8 meses en fudres de distintos tamaños.
Como resultado se obtiene San Cucufate Bancales del Jalón, un vino de carácter rústico y potente que desprende toda la personalidad de un viñedo que ha mantenido su propia personalidad desde sus orígenes en el S.XI. Un vino de gran concentración aromática que se disfruta en la copa de principio a fin.