Cuando pensamos en un proyecto vinícola, solemos visualizar el paisaje clásico de viñedos plantados en laderas suaves o colinas, con filas ordenadas de vides que se extienden hasta donde alcanza la vista y, a menudo, rodeados de montañas, valles o ríos. Sin embargo, siempre hay excepciones que confirman la regla. Así es como descubrimos Azul y Garanza, una bodega que se inspira en el singular terroir del desierto más grande de Europa, las Bardenas Reales, en Navarra (España), y que nos deja verdaderamente sorprendidos. Un paraje natural semidesértico que se caracteriza por sus paisajes áridos y erosionados y cuyo éxito radica en las condiciones extremas a las que se enfrentan las vides, con contrastes térmicos impresionantes entre el día y la noche. Si a estas características le sumamos la integración de agricultura regenerativa en cada una de las prácticas que esta bodega implementa, sus vinos indudablemente merecen toda nuestra atención.
Entre ellos, Azul y Garanza Seis, es uno de sus vinos más emblemáticos, elaborado desde los inicios del proyecto. Bajo el nombre Seis, cifra que en numerología representa la armonía y el equilibrio, se trata de un merlot con un pequeño aporte de cabernet sauvignon de cepas con una edad media de 20 años, plantadas en suelo arcilloso-calcáreo, muy pobre y árido y a una altitud de 400 metros sobre el mar. Las ovejas, grandes colaboradoras en el cultivo, desempeñan un papel importante en Azul y Garanza. No solo mantienen el pasto corto y saludable, sino que además controlan de forma natural la maleza, producen estiércol rico en nutrientes y ayudan a romper la compactación del suelo y mejorar su estructura. Una vez se vendimia manualmente la uva, en bodega (antigua cooperativa en el pueblo de Carcastillo) se deja fermentar durante 10 días con levaduras autóctonas y una maceración de 15 días. Después, el vino madura en barricas de roble francés, americano y húngaro durante 12 meses.
En conclusión, Azul y Garanza Seis es el resultado de un compromiso profundo con la tierra y la excelencia enológica. Su origen en las áridas tierras de las Bardenas Reales y su elaboración cuidadosa y respetuosa en la bodega dan como resultado un vino que captura la esencia misma de su lugar de origen. Tal y como indica el número que lo define, encarna la armonía perfecta entre la naturaleza, la tradición y la innovación.