En “El Pequeño Príncipe”, Antoine de Saint-Exupéry nos enseñaba que "lo esencial es invisible a los ojos", un mensaje que el zorro comparte con el príncipe al explicarle que las cosas que realmente importan no se pueden percibir con los ojos, sino con el corazón. Este principio también lo compartía Carlos Esteva de Can Ràfols dels Caus, gran defensor de los vinos del Garraf, quien afirmaba que “los vinos excepcionales tienen algo que va mucho más allá de lo que somos capaces de percibir con los ojos, la nariz y la boca”. Para él, lo invisible era lo más importante en la creación de un buen vino: esa esencia intangible que no se ve, pero se siente en cada sorbo. Carlos Esteva entendía que un gran vino no solo expresa el terruño, sino también la individualidad de su creador, algo que se pierde cuando se elabora un vino solo con fines económicos.
La colección de vinos Terraprima fue el último proyecto de Carlos Esteva y un claro reflejo de su filosofía. El viñedo de Terraprima se encuentra sobre suelos minerales que, originalmente, iban a ser una cantera de cemento. Sin embargo, con su visión, Esteva adquirió la finca, evitando su destrucción y transformándola en un viñedo con 40 hectáreas de viñedo, algunos de los cuales tienen más de 80 años. De estos suelos calizos nacen sus dos vinos, marcados por un carácter mineral único.
Uno de estos vinos es Terraprima Negre, un tinto elaborado con cariñena y garnacha, que refleja la pureza del terruño en cada gota. Se practica una agricultura ecológica y la vendimia es manual, realizada en el momento óptimo de maduración. En la bodega, el vino fermenta en depósitos de acero inoxidable con levaduras autóctonas. Luego, pasa 6 meses de crianza en barricas de roble francés y americano, lo que le otorga una complejidad y elegancia excepcionales.
Así, Terraprima es el legado de una lucha por lo invisible, por lo auténtico, por aquello que no se ve, pero que se siente profundamente en cada botella. Todo un homenaje a la filosofía de uno de los grandes de la DO Penedès.