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Descubriendo a Marcos Eguren, Director Técnico de Sierra Cantabria

04/10/2023 Entrevistas

Siendo la cuarta generación de una familia dedicada al mundo del vino en Rioja desde 1870, parece que en su trayectoria profesional estaba todo escrito. Sin embargo, este enólogo y propietario de Viñedos y Bodegas Sierra Cantabria, junto a su hermano Miguel Ángel, ha sido artífice de una revolución que sacudió el vino riojano en los noventa y que ha extendido a otras regiones vitivinícolas españolas de gran prestigio internacional como Toro y Castilla-La Mancha. Reconocido como “Enólogo del Año” por el gurú del vino Tim Atkin, hoy tiene a sus espaldas una colección de vinos parcelarios que son puro reflejo del terroir. Tal y como él mismo dice “vinos que se hacen grandes en el viñedo”.

Conozcamos un poco más sobre Marcos Eguren, enólogo y director técnico de Bodegas Sierra Cantabria.



- Cuarta generación de un legado vinícola como el de tu familia, ¿en algún momento te planteaste dedicarte a algún otro campo que no fuese el del vino? ¿Qué es lo que te engancha de la viña?
Cuando era niño, para nada sabía qué quería ser de mayor. Lo que sí que tenía claro mi padre, es que si yo tenía 5 minutos libres, me enviaba a trabajar a la viña o la bodega. Soy la cuarta generación de una familia viticultora que lleva vendiendo su propio vino al consumidor final. Sin embargo, muchas generaciones anteriores ya eran elaboradoras de vino.
Piensa que yo nací encima de la bodega y la viña está en mi ADN. Así que cuando después de acabar el bachillerato en un internado duro, que me había quitado las ganas de estudiar, mi padre insistió para que estudiase, por descarte me puse a estudiar enología en “La Escuela de la Vid de Madrid”. Allí se me abrió un mundo. Descubrí todas las emociones que podía despertar lo que había visto y hecho durante toda la vida como algo cotidiano. Una época que recuerdo con mucho cariño porque además de pasármelo muy bien, fue el detonante que me enganchó profundamente al vino.

- De toda tu familia, ¿quién es la persona que más ha influido positivamente en tu día a día? Y fuera, ¿nos podrías mencionar alguno de tus mentores y cómo has aplicado sus enseñanzas en tu trabajo?
En casa, mi padre ha sido mi mayor influencia. Con él empecé a trabajar la viña y a elaborar el vino. Él siempre nos decía que nos abriésemos al mundo y que tuviésemos la inquietud de conocer otras regiones vinícolas distintas a la nuestra. Descubriendo otros lugares, ganas en riqueza cultural y te brinda una perspectiva más amplia del vino.

Por otro lado, en la Escuela de la Vid, encontré grandes maestros que me enseñaron a reflexionar y profundizar en cada uno de los pasos del vino. Entre ellos, Luis Hidalgo, protagonista de algunas de las obras más importantes de enología y viticultura española, fue uno de mis grandes mentores. Es a partir de entonces que me marco como objetivo dignificar la maceración carbónica. Un tipo de elaboración que llevaba siglos haciéndose en Rioja, pero sin el rigor y la calidad que se merecía.

- En tu andadura profesional siempre has ido de la mano de tu hermano Miguel Ángel y parece que no os ha ido nada mal. Formáis el tándem perfecto en donde complementáis fortalezas y habilidades de manera eficiente y equilibrada ¿Dónde no llegas tú, llega tu hermano y viceversa?
Mi hermano y yo somos absolutamente complementarios. Lo cierto es que llevamos muchísimo tiempo trabajando juntos. Él estudió ingeniería agrónoma y luego hizo un MBA enfocado a la dirección de empresa y, cuando en 1988, mi padre se separó de sus hermanos profesionalmente, tuvimos que empezar de cero. Yo en la producción, mi hermano Miguel en la gestión y mi cuñado Jesús en el departamento comercial, iniciamos nuestro proyecto con mucha ilusión. Al principio yo era la cabeza visible, pero pasados unos años, cuando el proyecto tomó buen rumbo, el reparto ya se hizo de forma natural, sin tan siquiera hablarlo. Yo en la producción y Miguel en la gestión, control y desarrollo.

- Cada uno de tus proyectos es el reflejo de un paisaje, un trabajo y una gente y, solo probarlos, consiguen emocionar. Un arduo trabajo que ahora se ha visto reconocido con la distinción de “enólogo del año” por el prestigioso prescriptor británico Tim Atkin en su ‘Special Report Rioja 2023’ ¿Qué supone para ti esta distinción? ¿Has notado algún cambio desde el nombramiento?
Cambio no he notado. Pero sí que tengo un agradecimiento enorme. Atkin es una persona valiente, que se ha atrevido a hacer una clasificación al Grand Cru Classe de Burdeos y cuenta con todo mi respeto. Recibir un reconocimiento así, como el que me concedió también Wine Enthusiast, siempre gusta. Pero lo cierto es que yo soy de pueblo y, a veces, me viene un poco grande estos reconocimientos. Hay que disfrutarlos, pero no creérselo, porque realmente hoy en día hay muy buenos enólogos.

- Incansable explorador de viñedos en distintas zonas vitivinícolas de España, has sido calificado por amigos y críticos como un coleccionista de viñedos. ¿Qué tiene que tener un viñedo para que te robe el corazón? ¿Es garantía de conseguir grandes vinos?
Siempre digo que el vino es un mundo de emociones, así que para que un viñedo me enamore me tiene que transmitir emoción. Cuando llegué a Toro y descubrí viñedos sin injertar, fue de lo más emocionante. Plantarte frente a una cepa que tiene más de 100 años y de la cual nace una uva, pone los pelos de punta. La naturaleza es impresionante y, no sabes por qué, pero te transmite emociones. Está claro que después vienen los aspectos técnicos que te acaban de identificar la calidad de la misma, pero con la naturaleza nunca se sabe, al final siempre te puede dar sorpresas. El secreto del valor de la cepa es como se transmite su pureza en el vino.

- Tu primer éxito consistió en mejorar la calidad de los tintos de maceración carbónica con el vino Sierra Cantabria Murmurón. ¿Crees que desde entonces ha habido una mejora en la calidad de los vinos en Rioja? En tu opinión, ¿cómo suben las nuevas generaciones de vignerons en Rioja?
Cuando acabé los estudios, salí con la obsesión de dignificar la maceración carbónica. Un tipo de vinificación que, por entonces, empezaba a ponerse de moda en Beaujolais (Francia) pero que en Rioja llevaba siglos haciéndose. Sin embargo, se llevaba a cabo de una manera poco cualificada. En aquel entonces todo el mundo estaba ligado a la vid y no se le daba ningún valor. Al darle más relevancia, se evitan los defectos y se intensifican los resultados óptimos de la maceración carbónica. La frescura, la frutalidad y la vitalidad de un vino joven que es muy nuestro. Hoy en día los vinos han mejorado indiscutiblemente.
Las nuevas generaciones están muy preparadas, se están moviendo mucho y bien, y seguro que van a hacer cosas increíbles. Si algo tiene la juventud son las ganas de innovar. Van en busca de la diferenciación para desmarcarse del resto. Aunque yo sigo siendo un clásico y, hoy por hoy, los mejores vinos siguen siendo los elaborados de forma tradicional, tengo grandes expectativas en estas nuevas generaciones.

- Después das el salto a la elaboración de grandes tintos con crianza, uno de los rasgos que distingue a los vinos de Rioja. ¿Qué opinas de la clasificación de los vinos de Rioja según su envejecimiento? ¿Es un rasgo diferencial de la DOCa. que se debe conservar o, por el contrario, es un aspecto que limita el carácter del propio vino?
Siempre he sido bastante crítico con este tema. La realidad es que esta clasificación no habla de calidad, solo habla de números. Es decir, que si tengo un crianza que no he vendido y lo dejo más tiempo, ¿puede acabar siendo un reserva? Eso no tiene lógica, porque al final es un mismo vino con tiempos distintos. La barrica debe ser un hilo conductor que une todos los componentes que crean el vino: la fruta, el suelo, el clima, las personas, pero no puede ser el indicador del vino. Al contrario de lo que se pueda pensar, una barrica nueva siempre influirá menos al vino que una vieja. La usada tiene embebida en la madera unos 10 litros de vino que están desprotegidos y puede afectar al nuevo vino con oxidaciones, olores u otros defectos.

- Referente de los vinos de la DOCa. Rioja, más de una vez has dicho que quieres convertir Rioja en una pequeña Borgoña donde primen los vinos parcelarios. ¿Crees que el futuro de la denominación parte de esta diferenciación?
No es que quiera convertir Rioja en una Borgoña. Es que ya lo es. Tienen infinidad de suelos, climas, orientaciones… que la hacen única. Lo que hay que hacer es ponerlo en valor. Es decir, creérselo de verdad. Cuando viajé a Borgoña se me abrió un mundo. Pensé, esto es lo que tenemos que hacer en Rioja: Vinos de Pago. Sin embargo, este concepto era demasiado revolucionario en España. Decir que queríamos captar la expresión del viñedo en el vino sonaba a chino. Incluso, el que era entonces el presidente de la DOCa. Rioja escribió un artículo titulado “Vinos de pago o de pega” en el que defendía Rioja como un gran viñedo donde cada bodega marcaba su identidad y en el que no tenía sentido diferenciar por parcelas. Por su parte, la clasificación “Viñedo Singular” está directamente vinculada con una parcela, pero solo clasifica la edad o la producción, pero nunca se habla de la calidad intrínseca de ese vino. Para que un vino sea un gran vino, se debe demostrar durante muchos años. No es cuestión de números, sino de hechos.

- Fuera de Rioja también has probado suerte y has sabido captar perfectamente la esencia de otras regiones. ¿Qué es lo que tiene Teso La Monja que se ha convertido en uno de los mitos del vino español?
Lo que tiene es muy sencillo: un viñedo que es irrepetible en el mundo. Hoy en día hay grandes viñedos, pero como el de Teso La Monja no hay ninguno. Pureza, magia, fuerza y expresividad únicas. Una uva singular que se apoya en un trabajo de mínima intervención en la bodega para poder conservar y no modificar esta identidad exclusiva.

- Sabemos que estás pendiente de principio a fin de cada uno de los vinos que se elaboran en tus bodegas. San Vicente, El Puntido, La Nieta, Amancio, El Bosque, Alabaster, Victorino… ¿Nos podrías confesar cuál es la niña de tus ojos? ¿Es también la que te ha traído más quebraderos de cabeza o, por el contrario, su elaboración ha sido un mar de rosas?
Cada momento tiene su vino. Por ejemplo, con mi mujer solemos abrir un San Vicente, un vino que ha marcado los inicios de la empresa y que lleva el nombre de nuestro patrón y el de todos los viticultores. En cambio, con la cuadrilla siempre llevo Sierra Cantabria Colección Privada porque es jovial, alegre y a todos gusta. En casa, sin embargo, el que más bebemos es Sierra Cantabria Murmurón, el preferido de mi padre. Es un vino que te traslada directamente al momento preferido del viticultor: la vendimia. Este último ha sido el que más quebraderos de cabeza me ha dado porque fue todo un reto para mí en mis inicios, como ya he dicho antes, en la que quería dignificar la maceración carbónica.

- Con tantos proyectos a tus espaldas, necesitarás tus momentos de desconexión. ¿A qué dedicas tu tiempo libre? ¿Algún hobby que te permita evadirte de las preocupaciones?
Me gustan muchos los deportes. Esquiar nos gusta a toda la familia. Nos permite viajar juntos, disfrutar de la nieve, el paisaje, la gastronomía y compartir buenos momentos sin tensiones. Últimamente, también me he aficionado a la bicicleta de montaña. Perderme por los paisajes tan maravillosos que tenemos por San Vicente de la Sonsierra no tiene precio.

- Por último, ¿nos podrías decir el nombre de algún vino que recientemente te haya conquistado el alma y por qué?
Ya he dicho antes que el vino es un mundo de emociones ligado al momento en que estés y a las personas con que estés. Por eso los vinos de mis amigos son mi gran debilidad. Vinos de colegas como Álvaro PalaciosJuan Carlos López de Lacalle son todo emoción.