Entre las más de 200 especies de búhos que existen, hay uno que se roba todas las miradas (y el respeto del resto): el búho real, también conocido como Gran Duque. Grande, serio, imponente, en el sur del Ródano, su presencia no solo impone en el cielo, sino también en las etiquetas de una bodega con historia: Santa Duc.
El nombre viene del provenzal Canta Duc, que quiere decir “el búho que canta”. Cuenta la tradición local que este búho solía merodear por la finca, como un guardián discreto. Con el tiempo, ese nombre se fue transformando hasta convertirse en Santa Duc, pero el espíritu del Gran Duque sigue ahí, rondando entre las viñas.
Ubicada en Gigondas, al pie de las Dentelles de Montmirail, la finca lleva trabajando la vid desde 1874. Pero fue con Yves Gras y, después, su hijo Benjamín, que el proyecto tomó un rumbo más personal: agricultura biodinámica, respeto por el entorno, y un enfoque artesanal que busca sacar lo mejor de cada parcela. Aquí ya no se trata solo de hacer vino, sino de entender la tierra y no molestarla demasiado.
Uno de los ejemplos más claros es su Châteauneuf-du-Pape Pied De Baud, una cuvée de parcela única (Pied De Baud) que nace cerca de la célebre meseta de Mont-Redon. Compuesta de las variedades garnacha, cinsault y mourvèdre se trabajo bajo prácticas orgánicas y biodinámicas y la vendimia es manual, pasando por dos rigurosas selecciones. En bodega fermenta lentamente y la crianza se reparte entre ánforas de terracota y grandes barricas austríacas de Stockinger con el objetivo de dejar que la fruta se exprese sin interferencias.
El resultado es un vino del sur, sí, con cuerpo, fruta y carácter, pero que no pierde de vista lo esencial: la elegancia. Domaine Santa Duc Châteauneuf-du-Pape Pied De Baud es un vino con fondo, con forma y con alma. Como el búho del que viene su nombre: sereno, preciso, inolvidable.