Majestuoso, silencioso, casi invisible… el búho real —el gran duque— sobrevuela de noche las colinas del sur del Ródano. Es un ave noble y enigmática, de mirada atenta y vuelo sereno. En provenzal se le conoce como Canta Duc, “el que canta”, y ha terminado dando nombre a uno de los dominios más respetados de Gigondas: Santa Duc.
Pero aquí no se trata solo de un símbolo. Hay algo profundamente sagrado en estos parajes. En la forma en que la vid se enrosca sobre suelos de safre miocénico, caliza roja o arcillas aluviales. En cómo cada parcela, cada rincón, expresa una voz distinta del mismo territorio. El dominio —como el ave— observa, escucha y traduce. Desde 1985, Yves Gras ha guiado este proyecto con visión y sensibilidad, apostando pronto por la agricultura ecológica y recuperando parcelas olvidadas. Su hijo Benjamin, formado en Borgoña y heredero natural de esa mirada respetuosa, ha llevado el viñedo hacia la biodinámica y expandido su alcance a otros pueblos sagrados del Ródano sur, como Châteauneuf-du-Pape.
Uno de los frutos más expresivos de este enfoque es Domaine Santa Duc Côtes-du-Rhône Les Quatre Terres, un vino que combina uvas de cuatro terroirs distintos: Vacqueyras, Rasteau, Roaix y Séguret. Algunas parcelas están clasificadas como Crus, otras como Villages, pero todas hablan el mismo idioma: el de la tierra viva, cuidada y escuchada.
La mezcla —dominada por garnacha y acompañada por syrah, monastrell, cinsault y cariñena— fermenta lentamente con mínimas intervenciones. La crianza se hace en grandes toneles de roble y ánforas de terracota durante 18 meses y, finalmente, se embotella sin clarificar ni filtrar, para que el vino mantenga toda su energía intacta.
Como el gran duque que da nombre al dominio, Domaine Santa Duc Côtes-du-Rhône Les Quatre Terres no necesita alzar la voz para imponerse. Es una oración silenciosa al paisaje, serena pero profunda, elaborada con sabiduría y respeto. No grita, pero cuando canta —en la copa, en la mesa, en la memoria—, su resuena a lo grande.