En un rincón soleado del valle del Riudebitlles (Penedès, Barcelona) hay una ladera que parece susurrar secretos a quien se detiene a mirarla. Verde pétreo, casi mineral, el viñedo viejo de macabeo se alza entre olivos y almendros, formado en vaso, mirando al sol de madrugada. Desde lejos, ese verdor no se contempla: se escucha. Te llama. Crida Verd! (¡grita verde!, en catalán) y es imposible no acercarse.
Celler Pardas nació en 1996 del sueño compartido de Ramon Parera y Jordi Arnan, empeñados en convertir la Finca Can Comas en un espacio de expresión vinícola radicalmente honesta. Allí cultivan su entorno con manos propias, sin intermediarios, sin artificios, solo con respeto profundo a la tierra. Son viticultores antes que elaboradores; amantes del paisaje antes que productores.
De ese compromiso nace Crida Verd!: un vino blanco insólito, 100% macabeo de viñedo viejo, cultivado en , sin herbicidas, sin insecticidas, sin laboreo. Solo paciencia, cubiertas vegetales espontáneas y escucha al ritmo natural del suelo. Las uvas se vendimian a mano, con mimo, en cajas de 20 kilos. Después, maceran en frío, fermentan de manera espontánea, y se transforman, poco a poco, en vino: dos meses en barrica usada de 500 litros, y luego cuatro años de espera en botella. Poco más de 600 botellas, solo para quienes sepan esperar.
El resultado es una joya líquida. Un vino blanco franco y limpio como la brisa mediterránea, con cuerpo reposado, una acidez que persiste y una complejidad que promete evolución. Ideal para una cena sin prisas, una conversación profunda o ese instante de calma al final del día. Crida Verd! es el de una tierra, el reflejo de una filosofía, y un brindis íntimo con la naturaleza.