Teniendo en cuenta que el vino es un producto agrícola que, al igual que otros alimentos que comemos diariamente, tiene un impacto en la sociedad, el movimiento Slow Wines nace como una iniciativa que aboga por el retorno a las prácticas tradicionales en cada región vinícola, con el objetivo de crear vinos con carácter y singularidad. Y no solo eso, porque todas las bodegas que se incluyen en esta iniciativa, además, se comprometen con la preservación del medio ambiente, la salud del suelo y la biodiversidad de los paisajes vitivinícolas. Una de estas bodegas afiliadas es la de Andrea Picchioni, una de las nuevas promesas de la denominación Oltrepò Pavese, en la región de Lombardía (Italia), que mezcla con viveza, calidad y sostenibilidad del territorio. Tanto es así que ha recibido más de un premio en la guía Slow Wines por saber mantener los valores organolépticos, territoriales y medioambientales en armonía, alcanzando la excelencia.
Uno de sus vinos, Picchioni Buttafuoco Solinghino, en 2020 obtuvo el premio Top Wine. Un tinto elaborado con uvas croatina, barbera y ughetta que proceden de cepas orgánicas plantadas sobre suelo suelto y pedregoso. Se trabaja con principios ecológicos y la vendimia es manual en el momento óptimo de maduración. Una vez en bodega, se despalillan y prensan, y el mosto obtenido se deja macerar con los hollejos durante 8 días. Después, el vino se traslada a depósitos de hormigón durante 6 meses y, finalmente, permanece unos meses más en botella hasta sacarlo a la venta.
Es fruto de este amor por el terroir, las variedades autóctonas y las técnicas ancestrales que nace Picchioni Buttafuoco Solinghino. Un vino con una muy buena relación calidad-precio en el que Andrea Picchioni nos muestra, sin trampa ni cartón, la denominación Oltrepò Pavese.